Museo de Arte Moderno de Rovereto. De Mario Botta
El arquitecto suizo Mario Botta comenzó desde muy joven sus estudios arquitectónicos, ingresando al estudio de los arquitectos Luigi Carmenisch y Tita Carloni, en 1958. Ya en 1959, cuando contaba apenas 16 años, realizó su primer proyecto, la Casa Parroquial de Genestrerio. Trabajó también con Le Corbusier y Louis Kahn, en Venecia. Desde 1970, tiene su estudio en Lugano. Este arquitecto ha sido reconocido internacionalmente con numerosos premios y reconocimientos. Una de sus obras más importantes es el Museo de Arte Moderno de Rovereto, obra del año 2002.
El Museo en Rovereto de Mario Botta:
El proyecto del Museo de Arte Moderno de Rovereto, de Mario Botta, se integra al entorno preexistente. El museo presenta una imagen inusual, fuera del canon del edificio de carácter público, no tiene una fachada tradicional, y está retirada de la calle.

Botta optó por aprovechar las limitaciones del terreno y generar un edificio innovador. El punto más complejo fue la relación espacial entre lo moderno y lo antiguo. Para ello resolvió crear un área de transición, entre el interior del museo y el entorno, dotando a este espacio de características urbanas especiales.
El acceso se hizo derribando el muro existente entre ambos palacios, y construyendo una calle peatonal, conduciendo a la plaza, que además funciona como atrio y se comunica a las demás instalaciones del edificio, que abarcan cuatro plantas.

La plaza circular está cubierta por una enorme cúpula de acero y cristal, elevada 25m con un diámetro de 40m y una superficie de 1.300 metros cuadrados. Esta cubierta forma un nexo con el exterior. Se busca crear la impresión de que la cúpula es capaz de absorber al visitante. La estructura es de acero y vidrio, con forma de cono truncado, y está conformada por una serie de claraboyas cuadradas, dispuestas como azulejos de un enorme mosaico, lo que permite que la luz se difunda con variadas intensidades, ya sea en el atrio o en los salones.
En el centro de la plaza, Mario Botta colocó un espejo de agua, circundado por 20 estatuas, que forman parte de la colección permanente del museo.
El uso de piedra amarilla de Vicenza, se debe a la decisión de no desentonar con el entorno de la ciudad, pues este material es semejante al de los palacios vecinos, que datan del siglo XVIII.