El bandoneon

El bandoneon

Instrumentos
\"¿Qué misterioso llamado a distancia hizo venir, sin embargo, a un po­pular instrumento germánico a cantar las desdichas del hombre platense? La melancólica pregunta es del escritor argentino Ernesto Sábato 1, aunque no espera una respuesta, podemos, igualmente, hallarla con­tenida en su enunciación

"¿Qué misterioso llamado a distancia hizo venir, sin embargo, a un po­pular instrumento germánico a cantar las desdichas del hombre platense? La melancólica pregunta es del escritor argentino Ernesto Sábato 1, aunque no espera una respuesta, podemos, igualmente, hallarla con­tenida en su enunciación. Invierto, entonces, el orden de la pregunta y respondo, el bandoneón acude a ese encuentro -justamente- para que el hombre rioplatense pueda cantar sus desdichas. Dicho de otra manera, el tango acude al encuentro del bandoneón, ya que necesita un instru­mento que pueda cantar sus desdichas: un instrumento que, en otras palabras, pueda "llorar".

Un destino sudamericano

Jorge Luis Borgesuna vez habló de "nues­tro destino sudamericano", refiriéndose a la tragedia del hombre de estas lati­tudes. ¿Y qué hay más relevante que la vida de los hombres en un tiempo, en un lugar, para así valorar cabalmente su arte? El dolor metafísico es universal, es decir, cualidad de los hombres en cual­quier parte y tiempo, por tanto no es atributo excluyente del europeo, del afri­cano o del americano, sino condición del hombre por ser hombre y sentir, por ser hombre y pensar. Ya sea que pense­mos en la muerte, en el sentido oculto del universo, en el amor, en el deseo de trascender; encontraremos, en cualquier caso, que existen respuestas diferentes a los mismos problemas.

El arte se mani­fiesta como esa manera personalísima con la que el hombre responde y, sobre­todo, se rebela frente al dolor. Rebelión que, moldeada a lo largo de su historia, va formando un entramado de vivencias que finalmente le serán propias, parte de él, como agua clara de una fuente que le devuelve su rostro. Rebelión que elige la forma de un lamen­to, el rezongo íntimo del bandoneón. Y elige, entre otras cosas, el tango. Obser­vemos como, en estas latitudes, esas op­ciones a veces se asemejan.

Brasil tiene, entre muchas expresiones artísticas, el carnaval más grande del mundo, el más alegre y, sin duda, el más famoso. Sin embargo, el pueblo brasile­ño encuentra en el vocablo 'saudade' (en español, mezcla de melancolía y nostal­gia) también una forma de definir su espíritu. Y sus artistas más sensibles la recogen. Francisco o Chico Buarque de Hollanda (1944), compositor carioca, en el texto de su canción Pedaco de mim (Pedazo de mí) dice "... que a saudade é o revés de um parto/ a saudade é arrumar o quarto do filho que já morreu"(...que la nostalgia es el contrario de un parto/ la nostalgia es arreglar el cuarto del hijo que ya murió).

Así como encontramos similitudes, que obedecen a ubicaciones geográficas y, más que nada, geopolíticas, encon­tramos también diferencias. "El tango puede discutirse, y lo discutimos, pero encierra, como todo lo verdadero, un secreto. Los diccionarios musicales re­gistran, por todos aprobada, su breve y suficiente definición; esa definición es elemental y no promete dificultades, pero el compositor francés o español que, confiado en ella, urde correctamen­te un "tango", descubre, no sin estupor, que ha urdido algo que nuestros oídos no reconocen, que nuestra memoria no hospeda y que nuestro cuerpo rechaza".3 Intento en el que, no sin ingenuidad, también zozobrará el hombre de estas tierras cada vez que intente urdir con su fiel guitarra, por ejemplo, una pie­za del flamenco español, pasando por alto aquel sutil y complejo entramado de vivencias de que hablábamos. Des­echando de paso la vivencia propia, por lo tanto, esquivando una pregun­ta que en el arte resulta fundamental, ¿quién soy?

Siguiendo ese camino accederá, en el mejor de los casos, a la melancólica identificación con una cultura (con una rebelión) que le es ajena.

Origen del bandoneon

Una vez alguien dijo que el bandoneón nos entregó su alma, pero los alemanes se reservaron la fórmula industrial. La historia, que tiene sus pudores, se re­serva también algunos datos. La versión más extendida atribuye la paternidad a Heinrich Band, nacido en Krefeld, Alemania, el 4 de abril de 1821. Band lo habría creado hacia el año 1835, influido por las ideas de Cari Friedric Uhline (según distintas fuentes Ulgh o Uhlig) que anteriormente había modifi­cado la concertina inglesa de cajas hexa­gonales construyéndolas semejantes a las del bandoneón.

Por contrapartida, existe una segunda versión que niega que Heinrich Band fuese el creador y sí un tal Cari Zimermann. Dicha versión se basa en un aviso comercial publica­do por Band en 1850 en el que no apa­rece la palabra bandoneón y en el que Band, extrañamente, omite proclamarse inventor del mismo.

No existe, según esta versión, en la ciudad de Krefeld re­gistro alguno de la mentada cooperativa "Band-Union". Zimermann por su parte, había llamado a su instrumento "Calsfel-der Koncertina". Al emigrar a Norteamé­rica le vende su negocio a una persona cuyo apellido tendría mucho que ver con el futuro industrial del bandoneón, su nombre era Ernest Louis Arnold.

Nacido en 1828 y fallecido en 1910, Arnold com­pró la fabrica de Zimermann en 1864 y la bautizó "Ernest Louis Arnold Bandonion und Koncertina Fabrik", de allí sa­lieron los bandoneones marca ELA. Re­tirado Arnold la fábrica pasó a manos de sus hijos, hasta llegar al menor de ellos, Alfred (1878-1933) quien fundó en 1911 la firma Alfred Arnold Bandonion und Koncertina Fabrik, de donde salieron los hasta hoy famosos bandondeones "AA" (doble A). En el año 1971 su nieto Arno Arnold fallece, cerrando definitivamen­te sus puertas.

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