Patricia Sosa

Patricia Sosa

Música
Desde sus inicios profesionales en el grupo Nomady Soul hasta su actual actividad como cantante solista, pasando por el éxito del grupo La Torre, Patricia Sosa habló con Utilady de su carrera y de su vida, en un reportaje imperdible.

Desde sus inicios profesionales en el grupo Nomady Soul hasta su actual actividad como cantante solista, pasando por el éxito del grupo La Torre, Patricia Sosa habló con Utilady de su carrera y de su vida, en un reportaje imperdible.

La historia de Patricia Sosa podría haber sido J inventada por la inefable pluma de un, digamos, Alberto Migré. A todas luces, se trata de la rosada historia de una chica de barrio que, una tarde, en ronda de mate, se dio cuenta de que podía cantar. Claro, antes habrá que dar cuenta de cierto romance. Y así, causas y azares mediante, se podrán hilvanar las puntas de un personaje que ahora, en 1993, goza de una creciente popularidad y de los placeres de un matrimonio y de una hija que la desvelan. Pero vamos por parles. Hace 37 años, Patricia Sosa nació el 23 de enero en Valentín AIsina. Los rastros de la infancia se pierden en la palabra "felicidad". Ya de adolescente, su hasta entonces escondida vocación dejó ver su lucecita en el colegio secundario. "Con un grupo de compañeras formamos, en el Normal 5, un coro llamado Grupo Vocal Azurduy. Ese fue mi primer contacto con el canto. Hacíamos, más que nada, un repertorio foll

Patricia Sosa, la diosa del rock

A los 15 años, Patricia se encontró con el hombre que le cambiaría la vida, tanto sentimental como protesional, "Cuando conocí a Osear Mediavílla -mi actual marido- descubrí el universo del rock. Estaba fascinada por ese ambiente de chicos de pelo largo, camperas de cuero y pantalones tipo bombilla". Eran tiempos en que el mundo era como arcilla a modelar, Patricia mataba su tiempo estudiando danza, francés e inglés. Y después, claro, las fascinaciones de una chica -como ella misma se define- "de zaguán": el Club del Clan, Elvis Presley, la belleza de Liliana Caldini, Alain Delonyla inefable tira "Rolando Rivas, taxista" Osear tocaba la guitarra y tenía un grupo de rock. Patricia cantaba, y bien. El circulo comenzaba a cerrarse. "Osear tocaba como los dioses. A mí me maravillaba eso. Así anduvimos un buen tiempo, hasta que decidimos jugar todas nuestras fichas para intentar vivir de la música. Formamos la banda Nomady Soul e ingresamos, como pudimos, al profesionalismo", recuerda. En esos años, Patricia comenzó a descubrir que podía dominar el escenario con soltura y seducción. Se estaba cocinando el proyecto La Torre que, finalmente, quedó a punto a principios de los '80. "En 1981 salió el primer disco y no pasó nada -reconoce-. Pero en 1982 comenzó a escucharse el tema Colapso nervioso, que fue la llave para participar del Festival Barrock '82". Y a partir del festival, el despegue.

La Torre, con Patricia Sosa al frente y la fundamental guitarra de su marido detrás, conmocionó al hermético mundo rockero. La chica se enfundaba en apretadas minifaldas, profundos escotes y transpiraba a lo largo del escenario pisando los límites del erotismo. El público del conjunto -una mayoría de varones- vibraba en una suerte de éxtasis que, no obstante, no sobrepasaba los bordes del respeto. "Resulta increíble -memora-, los shows eran un derroche de energía. Y bueno, creo que de eso se ¡rata justamente el rock'n roll. Sé que muchos chicos iban a mirarme las piernas. Pero la mayoría amaba la música de La Torre". La mujer impactaba: la misma que trastornaba los sentidos del público también se dedicaba a lavar los platos en su faceta hogareña. "Lo del escenario es un trabajo-úice ahora-. Allí, todo cabe: la fantasía, el glamour, en fin, esas cosas. Mucha gente no sabe que para hacer todo lo que hice -y hago- tuve que prepararme y estudiar, por ejemplo, zapateo americano con Pepito Cibrián. Por otra parte, cuando bajo del escenario soy una mujer como cualquiera".

Una mujer como cualquiera que, después de siete discos, decidió disolver el grupo. ¿Los motivos?

Muchos. "En fin, me cansé un poco del ambiente del rock, de sus fetiches absurdos. Quería hacer otra cosa. Ya no era la chica rebelde que quería ponerse a gritar verdades", dice, y puntualiza también un dato importantísimo: el 31 de marzo de 1988 nació su primera hija, Martha. "Y bueno, me convertí en una señora hecha y derecha. Recuerdo que mi hijita tenía algunos meses cuando emprendimos una gigantesca gira por la Unión Soviética. Es increíble cómo te cambia la vida una hija. Te varíalos horarios y, sobre todo, el concepto de las cosas. A partir de Martha, me convertí en una mujer -canguro: la llevo a todos lados". Entonces, así, como un fugaz soplido, se llega a la Patricia Sosa actual. Totalmente volcada a la canción melódica, madura y feliz con la increíble aceptación que tuvo su disco solista "Luz de mi vida". "Acá estoy. Como dijo Pablo Neruda, confieso que he vivido", dice la muchacha, y da cuenta de su matrimonio con Osear, "con el que hemos pasado momentos buenos, muy buenos, y también malos. El es muy celoso, y me lo demuestra. No obstante, nos conocemos demasiado: son casi veinte años de andar juntos, y eso hace que uno ya no tenga secretos. Nos comunicamos muchas veces con simples miradas, o con leves gestos".

La chica de Valentín AIsina, no obstante, tuvo hace poco un sueño (¿erótico?) casi cumplido. En su visita a la Argentina, Alain Delon quedó hechizado por la sensualidad de esa mujer que, en el programa televisivo "Hola Susana" cantaba la canción "Endúlzame los o/'í/os"y le dedicaba furtivas miradas. Al terminar la actuación, Delon la invitó a París. "La verdad, pensé que lo que buscaba era una noche de amor-úe Patricia-, Casi me desmayo. Yo pensaba: cuando le cuente a las chicas del barrio no me van a creer. Al final, Alain me invitó a Francia, pero para participar de un especial de

televisión", dice, y la picardía se le instala en el rostro. Acuariana hasta la médula, reconoce ser una pésima cocinera ( "no sé ni preparar una milanesa'), que le gusta seducir a su marido con ropa íntima "para la ocasión", y sorprendiéndolo a cada rato. Que ama cenar afuera, el champagne y al blondo cantante David Lee Roth. Odia los prejuicios "y las mentalidades obtusas". Su cambio de estilo musical redundó en su forma de vestir. Para eso, Patricia Sosa contrató al equipo de imagen, y ahora la muchacha luce un look más tranquilo. Erótico, pero lejos de la onda salvaje que proponían las crudas guitarras del rock. "Eso pasó. Mi hija crece, y ya no estoy para jugar permanentemente al exhibicionismo". Cuando habla de la pequeña Martha, su voz se vuelve tierna. "Tengo una señora que la cuida cuando yo trabajo. No es sencillo combinar este oficio con el de ser madre. Pero me multiplico como puedo, y trato de estar la mayor cantidad de tiempo con ella. La llevo siempre al jardín de infantes, y religiosamente almuerzo con ella. Esas dos actividades son, para mí, dos lujos que me gusta darme junto a mi hija. Además, tenemos una comunicación fluida que tiene eje en esa cosa femenina que ya se comienza a vislumbrar desde la niñez", dice.

Sin descuidar su lado pasional ( "pese al transcurso de los años, continúo enamorada profundamente de mi marido'), Patricia Sosa deja abierto el capítulo de una novela que la tiene como protagonista. Sigue siendo la chica de zaguán. Sigue animando eternas rondas de mate. Y, cada tanto, desempolva un viejo Winco arrumbado en Valentín AIsina. Y pone aquellos discos de rock que, en el Winco, se escuchan "más lindos, más ingenuos, más como me gustan a mí", dice, y su mirada se deja atravesar por la melancolía.

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